En nuestra cultura colombiana, solemos decir que “la experiencia no se improvisa”. Sin embargo, muchos de nosotros nos enfrentamos a diario con una realidad distinta: el edadismo. Según un reciente informe global de las Naciones Unidas, una de cada dos personas en el mundo tiene actitudes discriminatorias hacia los demás por su edad.
¿Qué es el edadismo y cómo nos afecta?

El edadismo es la tendencia a juzgar, estereotipar o discriminar a las personas solo por los años que han vivido. En nuestro país, esto se manifiesta de formas sutiles pero dolorosas: desde el trato infantilizado en las citas médicas hasta la dificultad para acceder a trámites digitales o empleos.

El informe, respaldado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), advierte que este problema es una “desgracia sigilosa”. Sus consecuencias son profundas:
• Salud física y mental: El edadismo se asocia con un mayor aislamiento, soledad y una menor calidad de vida. De hecho, se estima que 6,3 millones de casos de depresión a nivel mundial son causados por este prejuicio.
• Impacto económico: En países como Estados Unidos, el edadismo genera costos anuales de 63.000 millones de dólares en salud. En el contexto colombiano, esto se traduce en una carga innecesaria para nuestro sistema de salud y para el bolsillo de las familias.
• Acceso a la salud: El estudio señala que, en muchos casos, la edad se usa como el único criterio para decidir quién recibe ciertos tratamientos médicos, ignorando la dignidad de cada paciente.

Una lucha de todas las generaciones
Un punto clave del informe es que el edadismo no solo afecta a los mayores; también golpea a los jóvenes cuyas voces son ignoradas. La pandemia de COVID-19 puso esto en evidencia, generando estereotipos negativos para ambos grupos.
Para Colombia, un país que valora la unidad familiar, esta es una oportunidad de oro. El informe sugiere que las actividades intergeneracionales (encuentros entre abuelos, hijos y nietos) son una de las mejores herramientas para reducir prejuicios y mejorar la empatía.

¿Cómo podemos actuar?
Las Naciones Unidas proponen tres caminos claros para el cambio:
1 Leyes y políticas: Fortalecer las normas que protejan nuestros derechos y denunciar la discriminación.
2 Educación: Combatir los mitos que presentan la vejez como una carga o una enfermedad.
3 Contacto social: Fomentar espacios donde jóvenes y mayores trabajen juntos.

Como adultos mayores, tenemos un papel vital: reconocer nuestro valor. No podemos permitir que los estereotipos reduzcan nuestras oportunidades de bienestar y dignidad. Combatir el edadismo es, en última instancia, asegurar un mundo mejor para quienes somos hoy y para quienes serán mayores mañana.

¡Unámonos al movimiento y hagamos respetar nuestra experiencia, el poder de nuestra experiencia!